La historia de “Frijolito”



En esta semana hace un año Frijolito se murió. Y con su muerte se desencadenaron un aluvión de desastres naturales que abrieron un abismo insalvable entre su madre biológica y su otra madre; Yo. Mucha gente podría decirme que si nunca llego a nacer, como puedo considerarme madre de un “algo” que nunca nació. Como si el hecho del deseo, del proyecto y de las miles de horas pasadas y habladas imaginándote en ese papel, no le hubieran dado a ese hecho un poco de corporeidad y de realidad… ¿Como tendría que considerarme?¿una “No madre”? Porque mi primer y único intento de ser madre se frustro y me dejo tan agotada emocionalmente que me veo completamente incapaz de concebir de nuevo esta idea.

Frijolito estuvo a punto de llegar a los tres meses de gestación, pero se quedo suspendido entre un sueño, una promesa y un bebe.


Fue un embarazo delicado, cuando se presentaron sangrados seguidos fuimos a urgencias a confirmar nuestras sospechas, la enfermera nos pregunto antes de pasar a la ecografía;

- ¿Esta aquí el padre?-
- No, no hay padre…-

Silencio.

- ¿Es usted familiar de la paciente?.-

Y haciendo de tripas corazón, pues en estas preguntas en las que una vez mas te sientes negada como participe de algo, respondes…

- Si, soy su compañera.-

Su compañera, porque decir su mujer, es un apelativo que no te suena, su novia suena a algo inmaduro y “la otra madre” conlleva muchas connotaciones que en ese momento no estas con fuerzas de explicarle a nadie. Y compañera, pues si, estoy aquí en lo mismo, es también mi preocupación, mi dolor, mi miedo a perder el embarazo… esa mujer que mi mira con miedo también soy yo, pues la quiero tanto que es una parte de mi y por mas esfuerzos que llevo haciendo en todo este ultimo mes para apoyarla o subirle el animo ella esta completamente lejos, muerta de miedo… Y en ese miedo compartido y cada vez mas lejos la una de la otra. Si soy su compañera, porque todo lo que pasa en este momento también me concierne, me pertenece. Y no quiero tener que justificarme ante nadie ni de mi dolor, ni de mi amor, ni de mi miedo, ni de mi perdida.


A punto de que se te salten las lagrimas y la enfermera opte por pudor mirar para otro lado. Pues para ella es la primera vez se enfrenta a esta situación. Esta claro que esta consternada y no sabe tampoco que hacer al igual que tu pues ninguna de las dos tiene ningún referente en el cual apoyarse. Tímidamente pregunta:

- ¿Quiere pasar?.-
- Si.-

Una vez dentro, tomadas de la mano, miramos al monitor en silencio, mientras el medico nos confirma nuestras sospechas.

- No encuentro el latido.-

Y moviendo el aparato una vez mas en el monitor, mas por nosotras que no hemos dicho nada que porque él no lo tenga claro.

- Aquí es donde tendría que estar, pero no hay latido.-

No hay latido y no quedan palabras de consuelo, no queda ninguna palabra que llene este abismo. Volviendo en el taxi lloramos de rabia y en silencio. Y esa noche no dormimos nada, permanecemos abrazadas esperando que amanezca sin hablar.

Al día siguiente la operación duro apenas unos minutos, el tiempo que tardo en desmoronarse todo a nuestro alrededor.

Parecia como si nunca hubiera existido Frijolito, ese ser que quisimos llamar así porque fue un sueño, una promesa y no llego a ser un bebe.

Es terrible cuando nos damos cuenta que por muchas cosas que hayamos vivido en la vida, hay millones de ellas de las que no conocemos nada. Como desde el principio de toda la gestación, me di cuenta de que no tenia referentes en los que apoyarme para las miles de dudas y miedos que me surgían sobre como llevar una maternidad compartida entre dos mujeres. Sobre como apoyar a la otra cuando tu no eres la madre biológica y la otra esta viviendo cambios tan fuertes en su cuerpo, humor y sensaciones. Por ser mujer lo entiendes y compartes en cierta forma. Pero eres plenamente conciente que esa pequeña burbuja de células que se esta implantando en el cuerpo de tu compañera es solo suya biológicamente e intransferible aunque de alguna forma fantasees con que te la preste un rato y como dos personas que llevan una mochila se turnen equitativamente para cargarla. Con la diferencia que no es una mochila.

- Déjame a Frijolito un rato y lo llevo yo, para que no te pese, para que no estés sola en esto… ¿no ves que mi cuerpo esta abierto a llevarlo al igual que el tuyo? Yo también lo puedo cuidar. No estas sola en esto yo estoy aquí todo el tiempo. Solo que no me ves porque tus ojos miran hacia dentro de tu cuerpo y yo te miro a ti y quisiera ver mas…-

Tal vez de esa forma fuera mas fácil o tal vez no. Porque ahora estoy convencida que por mucho que yo fuera una mujer, que la amara, que estuviera pendiente de ella y del embarazo cada momento del día… la vinculación entre la madre biológica y el ser que se esta gestando, en este caso Frijolito, es un vinculo mucho mas fuerte y profundo del que uno pueda imaginar si no lo ha vivido biológicamente.
Y por mucho que uno intente comprenderlo es imposible compartir una emoción que nace desde el cuerpo…

Ese día en el hospital perdimos todo, no solo perdimos el embarazo, sino que nos perdimos también a nosotras y el recuerdo de lo que nos unía no hace sino acrecentar el dolor.

Esta semana es el aniversario de la muerte de Frijolito y frente al vacío de un sueño frustrado, frente a la asepsia de un hospital, frente a una situación tan fría y tan deshumanizada, que mas parecia que nos hubieran sacado una muela…

Frente a las frases hirientes que la gente cercana repite sin descanso y mas bien te están hundiendo un poco más;

“Es mejor así, eso era que no venia bien”
“la naturaleza es muy sabia, mejor que haya sucedido ahora a que hubiera nacido con problemas de salud”

“Pues a lo mejor es que no estaban preparadas para ser madres”

“Visto, lo visto es lo mejor que podía pasar pues vuestra relación no tenia futuro”

“Todavía no era un bebe”…


A veces la gente con buenas intenciones y que de hecho te quiere no se da cuenta de lo duros que son estos comentarios cuando estas pasando por un momento así.
Desde hace un año he leído mucho sobre los sentimientos que te acompañan después de un aborto y en casi todos los artículos recalcan que el sentimiento es casi igual para la madre, (en este caso madres), como si hubiera perdido a un ser querido que conociera durante toda la vida.

Esta semana me desperté una mañana llorando después de un sueño en el que buscaba a Frijolito por el suelo. Me senté a tomar café y al mirar al calendario, me di cuenta que había pasado un año. Y por primera vez, sentí que hace un año no tuvimos un aborto, (palabra con la que no identifico lo que sucedió, aunque sea el nombre medico), hace un año murió Frijolito y todavía nos duele…

Frente al frio y la soledad de esa muerte, hemos decidido plantar una higuera durante esta semana, exorcizando la perdida con un árbol robusto y lleno de vida que pueda seguir creciendo.

Esta claro que al no tener referentes, tendremos que improvisarlos sobre la marcha…

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