La belleza no se cuenta, se vive: se siente.





Hoy compartía con mi amiga V. que los dos defectos que más detesto en una persona son la crueldad y la mezquindad.  Pienso por otro lado que ambos están profundamente unidos cuando un ser humano ha perdido cualquier resquicio de luz, entendida como esperanza, como entender “el porque” y el “para que” de su propio camino. Quizás la filosofía hizo mella en mi cabeza como un mantra, teniendo un sentido para mí, cada una tiene que encontrar su objetivo, aunque este sea algo sencillo y complejo, como ser “querido”. 

Cuando te enfrascas en vendavales emocionales, que te dejan el cuerpo pisoteado como si una caballada te cabalgará por encima. Hay algo de carne magullada que se retuerce, es entonces cuando en la vulnerabilidad visible, lacerada, encuentras lucidez para dolerte y vista para ver, reconocer el vacío, el propio y el ajeno.


Cuando los abismos se abren hay distintos ejercicios en la búsqueda de espejos, quizás algunos tan sencillos como ver una buena película. Por otra parte si no temes las imágenes deformes, los símbolos ocultos, el tarot como una meditación conjunta es una buena opción.  

Hay una cosa para mi muy unida a la belleza y es la sencillez, la elegancia en el vivir. Las personas más elegantes que he conocido son sencillas. No se rodean de artificios, ni necesitan comprar cosas, son simplemente, fluyen.  Tras esta declaración es evidente que mi propia definición no se corresponderá con lo que viene definido para este termino en esta sociedad. 

No creo que exista la maldad, como una condición humana estática. Pero el mal gusto, el abuso del verbo, para llenar ese vacío, el mal uso de la palabra, el pésimo uso del juicio. Los exámenes sociales externos, cuando el auto análisis personal ni se plantea. Me gustaría saber porque mas gente no hace terapia en vez de puntuar la vida, hechos, personalidad y elecciones de otras. 

Es curioso, como en “situaciones objetivamente desfavorables” para una persona, otras se crecen buscando en esa “ayuda” no solicitada el amparo de una relación vertical.  La posibilidad de una jerarquía prometedora que las sitúe en un lugar seguro, en términos “hipócritas”, en el lugar de sentirse dentro de la competencia capitalista interiorizada como “soy mejor”, estoy “mejor” puesto que puedo “ayudar”.  Cuando esa “ayuda” no es entendida como un acto de “solidaridad”, “hermandad” sino prepotencia.  Que complicados son los entramados del poder humano, que poco necesitamos para sentirnos poderosas.  

Sería sencillo realizar un trabajo de pornografía emocional, para dejar las riendas de tu vida en el ámbito de lo “incuestionable”, tanto he sufrido, ese es mi “escudo, mi espada y mi daga”.  He conocido a muchísimas personas a lo largo de mi vida, que en ese “ser víctimas” eran el peor verdugo de aquellas personas que osaban “amarlas”, intentar estar cerca.  Hijas de una cultura “judeo cristiana” el papel de “salvadoras del mundo”, se adecua bien a lavar nuestra imagen, acallar nuestros monstruos, consumir parte de la ansiedad que conlleva una vida vacía.

Me han salvado muchas cosas en esta vida de no sentirme vacía, quizás la primera de ellas tener la bendición de saber trabajar, o si salimos de la jerga eclesiástica que marca nuestro lenguaje hasta en los orgasmos: tener recursos.  Cuando tienes la certeza de que podrás realizar cualquier tipo de trabajo, porque entiendes que trabajar es picar piedra, no se es ni menos, ni mas, vas a un sitio en un tanto por ciento muy alto de las veces, a no hacer precisamente tus actividades favoritas, pero si algunas cosas que se te dan bien. Y la venta de esa “fuerza de trabajo” es lo con lo que pagas “tus lentejas”. 

Con mi colega P. hablando el otro día a las afueras de una fiesta nuestra de cumbias, sobre mi reciente despido. Ella me decía: Yo pensé que tu trabajabas ilustrando, o en diseño gráfico. Yo le respondía que no había llegado el momento, ni la situación para que esa circunstancia se diera en mi de una forma cómoda y menos fluida.  También riendo, con la lucidez ebria, le decía que mi vida siempre había estado desdoblada, fragmentada, había encontrado una forma de ser y estar en distintos espacios de supervivencia. Celosa como soy de mi espacio más intimo, lo que pinto, lo que escribo, me cuesta mucho que venga marcado por un limite, imposición externa. El trabajo creativo es un espacio de libertad, no quiero en principio enmarcarlo en una estructura de oferta y demanda.  Es diferente cuando tu tienes cosas hechas, que puedes compartir, regalar o vender. A realizar por ejemplo como me propuso una empresa en su día ilustraciones a demanda para dispositivos móviles, si bien no les dije que no, les indique las características que primaria en estas ilustraciones, lo que estaría dispuesta a dibujar y lo que no.  Evidentemente empezando por mi planteamientos feministas nunca llegamos a un acuerdo. Y me siento orgullosa de ello.  Para eso vendo mi fuerza de trabajo en otras areas, en las que simplemente mi piel y lo que soy, no se van con cada transacción.  

Pero todo es muy complejo, cada una encuentra la mejor forma de sobrevivir, para mi esta es valida, para otras sera otra. 

Y si bien para mi es muy importante la elegancia, hay personas que no son nada elegantes, cuando puntúan a otras personas como si la vida fueran unas olimpiadas humanas. Es curioso ver lo expuestas que estamos a la valoración externa, el cara libro es el mejor ejemplo.  Pero esta presente en toda la media y estructuras humanas. Estamos bombardeadas por códigos, etiquetas, lenguaje… vamos a ser seres de bien, cada una respetando las normas de su clan. Muy aburrido a la larga, no me extraña que aquellas que entran en esa carrera, llegue un punto que se sientan absolutamente perdidas y vacías. Si dejas en manos de las otras tu bienestar, tus dolores, o tu vida, llegara un momento que tu identidad, tus deseos, tu sentir y tu belleza profunda de bicho sintiente, se difumine en la masa informe que camina hacia un lado ahora, hacia otro después, alentada por el aleteo del consumo y de lo que se marca como estandard - deseable. ¿Que te conmueve profundamente? ¿Que te mueve el piso?  Si no lo recuerdas, quizás sea un buen momento para intentar volver a encontrarlo. 

La identidad, el saber quien eres, lo que quieres, lo que no, lo que sueñas, lo que va posiblemente más allá de la realidad, pero es lo que te hace sonreír, lo que te absorbe de de tu mundo presente. Lo que marca un camino, aquello que no depende de otras, ni del dinero, ni del amor o el desamor, ni de la familia, ni de las amistades. Aquello que depende, profunda y serenamente solo de ti misma, ese placer y esa auto realización marcada por una sinceridad con una misma. Creo que todas la tenemos, la podemos encontrar, si acallamos el ruido alrededor, si en un silencio buscado, escuchamos a alguien que vive dentro de cada una y nos recuerda, que en esencia hay un pájaro que aletea en las cabezas, cada una conoce el nombre del suyo. Quizás su única obligación para vivir la belleza, sea simplemente alimentarlo, no permitir que duerma o muera. 

La belleza, para cada una, es una cosa tan compleja y abstracta, que en esa búsqueda se va pasando el tiempo de una forma si no feliz, serena. 






2 comentarios:

Anónimo dijo...

Preciosa reflexión. E.

Haydee Marin dijo...

Como siempre te he dicho, me encanta el modo que tu escribes, como fluyen las palabras en una estructura muy logica y con una profundidad digna de reflexion. Felicitaciones, muchas cosas me tocan, pues yo si creci en un ambiente judeo-crisitano de culpa y por eso hay muchos conflictos internos que son dificiles de erradicar. Por lo menos, el primer paso, es tomar conciencia y trabajar esos puntos para llegar a una reconciliacion conmigo misma y un perdon por todo lo pasado, asi se puede llegar a una calma serenidad. Gracias porque me permite compartir algo personal. Un abrazo. Haydee Marin

 
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