Memorias de una bollera guerrillera III



1169 siempre había tenido claro que tenía debilidad por las mujeres, pero no por cualquier mujer, criada en un matriarcado, las mujeres que “le movían el piso”, eran mujeres con carácter fuerte, personalidades complejas. La primera vez que se había enamorado perdidamente de una mujer tenía siete años. Su profesora walkiria alta y poderosa, no solo era buena profesora de ingles, si no que destacaba por su independencia, su fuerza, montaba en bicicleta, corría veloz… Sus caminares solemnes de amazona, la mezcla en el trato a todxs lxs niñxs de autoridad, disciplina y dulzura.  La hacia una líder natural.  Aprender ingles bajo su orientación había sido un caramelo y en su memoria siempre que hablaba en esta lengua, algo de la memoria pasada de 1169, volvía a esa sonrisa  y a esa independencia que deseo siempre para si misma. Eso era parte del “paraíso perdido”, la escuela libre, lxs profesores de pensamiento libre, el teatro, la música… pertenecían a un pasado que no tenia nada que ver con la cotidianidad de la vida en España.


En los años ochenta en un pequeño barrio del sur madrileño no había mujeres walkirias, no había referentes posibles. Ser bollera no era una posibilidad, no “existían bolleras”.  Por lo menos no a primera vista y sin el radar bien entrenado que desarrollaría con los años. El que te gustaran las mujeres, era un imposible, una excentricidad.  En plena edad del pavo jugo a la botella y siempre se extrañaba de esos besos húmedos con compañeros que se le antojaban tan apetecibles como lamer una pared. Había muchas cosas que se “entendía” que tenías que hacer, era parte de pertenecer al grupo.  Si bien lo de jugar con las drogas o pillarse el pedo descomunal no fue parte de su repertorio juvenil, si lo fueron los escarceos, los coqueteos, sin embargo en el momento de concretar, más allá del juego, en la intimidad, todo le parecía el gran timo. Ni todas las películas que había visto y la preparaban para los supuestos cohetes, la enajenaban de la sensación real. ¿Que estaba haciendo ahi? Cuando podría estar en cualquier otro lugar haciendo otras muchas cosas, que era las que realmente le pedía el cuerpo hacer. Fingir nunca fue su fuerte, a las preguntas de “ te ha gustado”, “parecía que estabas en otro lugar”, “lo he hecho bien”… era tan sincera que ninguno se atrevía a una segunda vez. Y ella se sentía tranquila en no tener que pasar de nuevo por la “prueba” .  La fama de rara se extendió y como una extrañeza más añadida, le pareció muy práctico no desmentirla.  Cuando empezó a quedar todos los fines de semana para escaparse a patear y escalar por la montaña con 7129, todo el mundo dio por sentado que eran novios, tampoco lo desmintió. Una parte de si misma, estaba latiendo, esperando que pasará algo que la sacará de ese letargo. La vida no podía ser tan sumamente aburrida. 

Nunca se enamoro de ninguna compañera de clase, porque en su mentalidad “práctica” no entraba enamorarse de alguien que no lo tuviera tan claro como ella, no quería hacer experimentos. Había tenido muchas aminovias, esas amigas con las que hablabas por teléfono tres horas sin parar y te contabas todo, pero muy lejos estaban estas de protagonizar un episodio sexual. Como iba suceder algo así, si no había ningún ejemplo, ninguna película, o libro que pudiera dotar a ese imaginario. 


Por eso su revolución sexual empezó a los 19 años cuando su camino se cruzo con 5641, a él fue a la primera persona que le contó que le gustaban las chicas, pero que nunca había conocido a ninguna lesbiana de su edad.  Nunca llego a imaginarse que la primera mujer que se le tiraría al cuello seria su amiga de la infancia. 

Al mes de conocerse con 5641, habían ideado un plan para ese verano, 1169 trabajaría para poder ahorrar la misma suma que él ya tenia ahorrada, después del examen de selectividad de ella se raparían la cabeza y se harían andando toda la costa desde Ayamonte a Malaga. Para comer harían trenzas de colores, venderían artesanías, cocodrilos de cuentas… cualquier cosa. Ya lo pensarían. Todos esos planes los hacían en una casa que le habían prestado a 3196 por la zona de Arturo Soria, no era grande, tenia un patio, donde estaban todo el día bailando, estudiando, leyendo, escuchando hasta desgastar los cassettes de Billie Holliday.  


3196 era como una hermana, paradójicamente su mama era la única feminista lesbiana que 1169 conocía. Sin embargo eso a 3196 solo le había servido como un repulsivo, todo lo que le sonara a feminismo o lesbianismo lo rechazaba de plano. Había decidido prácticamente vivir en el Retiro y sus novios, los conocía siempre por el parque. En cualquier caso era su vida, su cuerpo y sus decisiones, hasta que una noche llego con uno de esos novios y un amigo de este, a la casa que compartían. 


Entrada la noche, 1169 durmiendo con 5641 en el colchón del patio como todos los días se despertó al sentirse asida por la espalda, mientras que algo duro se hacia paso por detrás entre sus piernas y notaba un olor que no conocía. Medio dormida tuvo la certeza que 5641 no podía ser, porque su relación no era sexual. Así que extrañada se dio la vuelta y se encontró con el amigo rescatado del parque del novio de 3196. 


-¿Que coño se supone que estas haciendo?.- Le dijo mientras lo apartaba con rabia, mientras que 5641 se había despertado flipando que ese tío estuviera en mitad de lxs dos. 
Es que me estáis provocando, soy un hombre.- Respondió el intruso. 


Entendiendo que con un tipo así no se podia dialogar, se fue a la habitación donde 3196 dormía con su novio. Y le contó como el amigo de su novio, la había intentado violar. A estas alturas ya estaba muy enfadada, el novio se levanto de golpe de la cama e intentando suavizar la situación se fue ha prepararle una tisana.  Fue en ese momento cuando 3196 la abrazo y le pidió perdón mientras la empezaba a besar. La situación era tan surrealista que 1169 no supo reaccionar, pero antes de que terminara ese beso, el novio ya estaba en la puerta de pie mirando sin saber que hacer. 


A la mañana siguiente 5641 propuso que se fueran a su casa, mientras terminaban de estudiar y abandonaron la casa de Arturo Soria, con el patio, los amigos tan “hombres” de 3196, y a la misma 3196 a la que nunca más volvería a ver, menos aún cuando a sus padres, a todos los amigos de los mismos, también amigos de los padres de 1169, les diría que era una lesbiana abusiva que la había intentado forzar. Que era peligrosa y que cuidaran a sus hijas.  


Que la primera lección de a lo que estabas expuesta en situaciones ambiguas como esa, te la diera tu medio prima con la que te habías criado desde los doce años, era algo que 1169 no se esperaba, pero que desde luego la puso de sobre aviso para tener mucho cuidado de no volver a verse envuelta en una situación similar.  


Ese episodio les creo varios traumas; para empezar cada vez que se cruzaban con uno de esos “hombres muy hombres”  y les preguntaban si eran pareja, 5641 se apresuraba a decir: 


- “Si, estamos casados”.- Era una forma de garantizar tranquilidad, los “hombres muy hombres” no se metían con una mujer con dueño. Esa seria una de las muchas estrategias de supervivencia que aprendieron durante ese iniciático verano.

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