Reseña: La tumba de las Luciérnagas o porque hay que ver películas para llorar




Esta semana ví por casualidad esta película buscando algo para desconectar, desde el primer minuto entre en estado de trance que no terminó hasta más de dos horas después del visionado.  El resto de la semana no he dejado de acordarme de la película, investigar sobre la historia real detrás del autor Akiyuki Nosaka que perdió a su hermana por inanición después de quedar desamparados bajo los bombardeos de  Kōbe. La película siendo de las primeras producciones de los estudios Ghibli en 1988 por  Isao Takahata.


Para mí esta película es una auténtica obra de arte, primero porque a través de la ficción con una base real, cuenta una historia desde lo cotidiano, dos hermanos que se quieren, dos niños que viven con su mama en Kobe en 1945, su papá es marine y está en la guerra.  En ese momento se desatan los bombardeos y ametrallamientos desde los aviones de toda la población civil por parte del enemigo, la aviación estadunidense. Sin piedad los aviones arrasan con todo el pueblo, sin descanso, de dia, de noche… todas las familias quedan afectadas y muchos niñxs en la calle.  


La escasez de comida alimenta la mezquindad y una lucha por la supervivencia, que lleva a la tía de los dos niñxs a ser una tirana y obligarlos a través de humillaciones a buscar un sitio tranquilo donde vivir.  Seita que es el nombre del hermano mayor se refugia con su hermana Setsuko en una cueva al lado de un lago cerca al pueblo.  Intenta hacer todo tipo de artificios para alimentarla, pero ni los pescados, ni el arroz que consigue consiguen evitar que la niña enferme y muera por inanición.


Si algo tiene de característico todas la películas del estudio Ghibli es su compromiso pacifista, su tratamiento de los personajes de una forma ética, la película es dura, muestra crueldad… en muchos momentos es desoladora y es muy difícil no arrancar a llorar, sin embargo los protagonistas son “felices” en su amor de hermanos, en sus juegos, en su relación inquebrantable.   Porque los niñxs en cualquier sitio del mundo, son niñxs e intentan jugar y sobrevivir, no entienden muy bien porque pasan las cosas, las sufren, quedan marcados, pero parte de su inocencia los mantiene en una posición inmutable que difícilmente pueden adoptar los adultos, más conscientes de las implicaciones de una guerra.  


Pienso que esta película narra situaciones y viviencias de niñxs reales en Japon en 1945 y no hemos aprendido nada, cuantos niñxs como estos han estado bajo los bombardeos de gobiernos que no miden, ni tienen ningun respeto por la infancia.


Cuantos niñxs hay en los campamentos de refugiados, en los centros de internamiento de Ceuta y Melillas, en el mundo en general. Cuantos niñxs abandonados, no entiendiendo nada de lo que sucede o porque tienen que sufrir tanta violencia, normalizandola, intentando sobrevivir… porque algo que tienen los niñxs en estas situaciones, es que no pueden ser “victimas”, porque no son conscientes en muchas ocasiones de todo el transfondo, la guerra es un paisaje donde saben que es dificil sobrevivir y luchan por aprender, cantan, juegan, con lo que tienen a su alcance. Es la mirada de los adultos y de estos niños al crecer, cuando viendo hacia atras este tipo de socializacion violenta, su infancia “violentada” queda en entredicho.


Las personas que no han sufrido en sus carnes una guerra, ni ningún tipo de violencia, deberían ver películas antibelicistas, porque quizás entenderán más allá de los intereses políticos y económicos que justifican guerras por petróleo, por agua… hay miles de civiles y niñxs que pierden cada día su casa, su vida, sus sueños, su infancia, su familia, todo. Y eso, es algo que ya nadie les devolverá nunca.


En Colombia, que es de donde yo soy, hay miles de niñxs marcados por la guerra, huérfanos… con socializaciones ásperas que en un algunos casos les llevó de adolescentes ser instrumentos y ejecutores de la violencias, monitorizados por adultos sin escrúpulos.  


Si la gente no tiene empatía, habrá que hacer algo para desarrollarla, para que de alguna forma se pongan en la piel del otro. Y quizás algún día no se justifique ninguna guerra en el mundo, ni se voten a políticos que promuevan coacción y violencia.


Por eso, es bueno, no cerrar los ojos, abrirlos bien, no quedarte de cartón, que la vida no te afecte y aunque vulnerable, también permeable veas, conozcas historias, para entender, para no repetir, para que tu memoria no se olvide, que la violencia nunca es una buena solución.




Hoy quise hacer un homenaje a la infancia robada de todxs lxs niñxs de la guerra, por eso dibuje esta fotografia de Joe O’Donnell que refleja a un niño con la misma historia que Seita & Setsuko. Cuando la tomo contaba lo siguiente:


"Vi  a un muchacho de unos diez años que pasaba por allí. Llevaba un bebé en su espalda. En esos días en Japón, a menudo veía a los niños jugando con sus pequeños hermanos, o hermanas, a sus espaldas, pero este chico era claramente diferente. Pude ver que había venido a este lugar por una razón seria. No llevaba zapatos. Su rostro era duro. La pequeña cabeza se inclinó hacia atrás, como si el bebé estuviera profundamente dormido.
"El niño se quedó allí durante cinco o diez minutos. Unos hombres con máscaras blancas se acercaron a él y en silencio comenzaron a quitarle la cuerda que sostenía al bebé. Fue entonces cuando vi que el bebé ya estaba muerto. Los hombres sujetaron el cuerpo por los pies y las manos y lo colocaron sobre el fuego.
"El niño se quedó allí directamente sin moverse, mirando las llamas. Seestaba mordiendo el labio inferior con tanta fuerza que brillaba la sangre.La llama ardía bajo el sol. El chico se dio la vuelta y caminósilenciosamente lejos. "


Fuente foto y texto entrecomillado:

 
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