Memorias de una bollera guerrillera V


Esa mañana 1916 se había encontrado en el metro con 454, se habían bajado en ciudad universitaria, habían preferido andar un rato mientras se echaban un cigarro y llegaron a la facultad de filosofía veinte minutos tarde para la primera hora de clase. 454 estaba contándole su última aventura sexual con un tipo que había conocido en el parking de coches de ventas, sitio habitual para encontrar sexo casual y eventualmente alguna otra cita en otro contexto.  1916 quería conocer todos los detalles, le divertían todas esas cosas, es más le divertía comentarlo a pleno pulmón para que todo el mundo alrededor, entendiera que si, que tenia mucha pluma y que además le encantaba, estaba muy orgulloso de hacer alardes, en los que todo el mundo acabara emplumado. Si el mundo era un gran escenario, 1916 era una gran diva, lo sabia, lo reclamaba y se peleaba por ese puesto con uñas y dientes. Así era él, provocador, seductor, con mucha labia y si hacía falta muy mala leche. 

Estaban en la barra para que les atendieran, cuando al lado suyo escucharon: - Que vergüenza de maricones de mierda.- Se volvieron, y el grupo integrado por cuatro personas se pusieron a reír. No acertaron a saber quien había realizado el comentario. Pero todos reían en ese momento. 

Si 1916 era una gran diva, 454 se limitaba a ayudarla a vestirse entre bastidores. Si para uno la situación de tan habitual iba a pasar como otro momento desapercibido en su vida. Para el otro supuso el reto personal de hacer que esos cuatro estúpidos se arrepintieran de lo que había sucedido. Era intolerable, que alguien le arruinara así a uno el primer café de la mañana. 


Las clases habían empezado hacia menos de un mes y con ellas, todas las citas dentro de la universidad que coordinaban las diferentes militancias, los grupos antimilitaristas con objetores de conciencia que aprovechaban el tiempo que no estaban haciendo labores sociales obligatorias, para seguir estudiando. Los sindicatos de estudiantes, las asociaciones antifascistas y la asamblea de mujeres de la complutense y muy unido a esta ultima “Las panteras rosas”, un colectivo anti homofobia integrado por maricas, trans y mujeres feministas y/o bolleras. 

Cuando 1916 relato todo lo sucedido en la asamblea, 454 asentía y como mucho acertaba a decir: "así fue… se reían… es cierto… nos agredieron".  En esa asamblea y en las siguientes se elaboro como hacer una campaña para dar a conocer lo sucedido, recaudar pasta y demandar a lxs agresorxs, no solo era importante que no quedará esta agresión sin respuesta, si no que ademas fuera una forma de dejar claro que no se iban a tolerar mas agresiones ni machistas ni homofobicas.  


Hay una rabia que se acumula en el tiempo, cuando sabes que algo injusto esta sucediendo, más aún cuando tienes la certeza que tu cuerpo, tus ideas, tu territorio, son de tu propiedad, independencia. Son inviolables, son parte de un espacio que te permite moverte por el mundo, no es fácil aprender quien eres, entender quien eres, reivindicarte… pero si además ser quien eres es una provocación para lxs otrxs, la tomas con todas las letras y la multiplicas por mil provocaciones mas. Es cansado, sin duda, pero te curte, te hace mas fuerte.  Y si además has sido lo suficientemente inteligente en no hacerlo solx, sino que te sumas con otrxs, el saberte acompañado suma mas fuerzas. Pero había algo más que era un arma de doble filo, si había un sitio donde ibas a conocer a lxs potenciales amantes mas sexis, deseables, atrayentes… era en esos espacios.  La endogamía, la compleja red de relaciones intimas se extendía por el mapa de la universidad de la misma forma que todos los colectivos estaban interrelacionados por multiples militancias. Pero al mismo tiempo, las rencillas no resueltas en la cama, saltaban como un resorte, se disfrazaban de argumentos politicos y una doble jugada se instauraba en las conversaciones post asamblea, en los conflictos no resueltos, en la diferencias personales y la lucha de poder. La intensidad de cada reunion, no era superada por las cañas o comida de después, que a veces se alargaba a cena, paseo por los antros de música punk en chueca y terminando en la casa de alguien para amanecer hablando, bailando o durmiendo un poco en un sofa, hicieran lxs demás lo que tuvieran que hacer al lado. 

Pero las manipulaciones personales, disfrazadas de argumentos politicos, no era algo ajeno a la experiencia vital de 1169. Los juegos de poder, el encumbramiento de alguien, para en un momento dado crear mediante información negativa su caída, muerte social y exilio, era una situación a su pesar familiar. Si todos los grupos sociales funcionaban igual, si el peor enemigo estaba dentro de nosotros mismos, si el mayor cancer que podía destruir a un colectivo estaba dentro de los instintos de cada uno de los componentes, era una interrogativa no resuelta. Su socialización se había dado siempre dentro de grupos de izquierda, había aprendido a observar a aquellos que quieren el poder a toda costa, había aprendido a detectar a los que como fieles seguidores religiosos, seguirían al/a líder en todo sin llegar a cuestionarse mucho mas. Dentro de los mismo grupos habría un tercio habitualmente de descreídos, rebeldes, auto críticos, que cuestionaban, debatían y solicitaban mas argumentos a la hora de tomar una decision. Lo cual normalmente debería ser lo mas habitual si en hablamos en términos teóricos de lo que un movimiento de izquierda tendría que ser. Pero la jerarquías arraigadas del patriarcado, impedían que las cosas se dieran en términos tan prósperos y positivos, en términos de proyectos e ideas. Justo ese ansia de control de unxs, de no cuestionamiento de otrxs y de análisis de otrxs, abría agujeros negros en los que como en un circunloquio, los debates se hacían eternos y no se llegaba a ningún puerto. Había un momento en el que de repente, alguien se hacia molesto y previo desprestigio, mediante mentiras se deshacían de esa persona. Bastaba una acusación de alguien con credibilidad y las sospechas de todxs se disparaban. Así había sucedido en muchas ocasiones en los grupos en los que participaban su padres, a posteriori se descubrían las mentiras y todo quedaba al descubierto, con una sensación de hastío y verguenza. Sin embargo la persona afectada, ya había perdido credibilidad y con ello palabra.  

Por eso cuando 1169 se hizo un mapa mental de los roles de cada uno dentro de los colectivos de militancia en la complutense, decidió apoyar, pero manteniendo una posición distante, segura, donde poder observar y ver como se desarrollaban las cosas. Desde esa posición pudo empaparse de la cultura asamblearia, de toda la herencia del movimiento anarquista español, de la importancia de los ateneos libertarios.  La teoría era preciosa, si bien sus padres se sentían mas cercanos al comunismo, ella sentía que si había alguna ideología con la que pudiera llegar a compenetrarse esta era sin duda el anarquismo y el feminismo.  Cuando se quedaba a solas con 5641 desmenuzaban todo lo sucedido desde la perspectiva de cada unx y desde una visión mas transcendental imaginaban como superar esa prehistoria de instintos y encontrar una via de llegar a la potencia perfecta de ser una mejor versión a través de la ética, individual y colectivamente. Era con 5641 con la única persona con la que se comunicaba abiertamente, con la que compartía un mundo propio y un sueño de mundo mejor. No le era fácil mostrarse y por eso cuando conoció a 7121 fue como si se quedara flotando en mitad del espacio. 

7121 era tan pequeña como ella, la noche que habían llegado a visitarla a una hora intempestiva con 5641 a la pension para señoritas donde se alojaba en el edificio del águila gorda fascista de moncloa, les había abierto la puerta con un camisón de algodón, descalza, el pelo negro encrespado chorreando casi hasta la cintura. Le brillaban los ojos de alegría, por la sorpresa de la visita y una sonrisa maliciosa mientras examinaba a 1169 de cabeza a pies. Los llevo como flotando por el pasillo a oscuras que les hizo recorrer en silencio hasta una habitación que hacia las veces de estudio. Allí descorcharon una botella de vino y empezaron todas las preguntas. Era brillante, locuaz, segura de si misma, inteligente… 1169 no podía parar de sonreír, hasta que después de la segunda copa de vino pudo contarle y responderle a todas las preguntas. Era comprensible, 7121 era la mejor amiga de 5641 en su clase, lo conocía muy bien. Como era eso que ahora estaba enamorado platónicamente de una chica que había conocido por la calle, que habían pasado todo el verano juntos, que querían aprender a echar las cartas, que amaban la filosofía y la política, pero un profundo nihilismo los imbuía a un escepticismo que los abocaba a una superficialidad cómoda en la que salir a bailar disfrazadas de cualquier cosa. Hasta que decidieron que también era interesante provocar reacciones al ir disfrazadas a clases. Después de muchas risas la afinidad y alianza entre las dos ya estaba firmemente cimentada, no sucedió lo mismo con 1916, la mirada observadora y siempre alerta de 1169 le molestaba, le inquietaba… ella no había sucumbido a sus encantos, le escuchaba pero no asentía, no buscaba su compañía, ni pretendía intimar de ninguna forma con él. Eso no habría sido tan grave, si no se hubiera sumado que el niño adorado de 1916 era 5641 y cualquier persona que le robará su atención, le molestaba. La felicidad y complicidad que irradiaban juntos, plena de amor, era muy poco comprensible en un espacio donde las identidades homo eróticas eran el centro, lo demás era una amenaza. Si además 1169 se travestía e iba a casi todas partes con ellos, era algo que lo irritaba de sobremanera. 



 
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