Memorias de una bollera guerrillera II

Provocación, aunque en el diccionario ponga escuetamente “acto de provocar”, la provocación es tan compleja, como aquellos que deciden “provocar”, aunque hay mucha gente que no decide “provocar” pero su sola existencia en el mundo es un acto de “provocación”, porque rompe con ciertos moldes establecidos de lo que se supone correcto-loable y lo que no. Otra de las acepciones pasa por el acto de inducir a alguien a realizar un acto delictivo.  La ambigüedad de las definiciones del diccionario es tan inmensa como la de las leyes que están escritas bajo un lenguaje metafórico. Por ejemplo, parece ser que hay una ley universal: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. ”, recogida quizás por primera vez en la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano redactada por la asamblea de la revolución francesa inspirados en las ideas de Voltaire y sus colegas de trenzas.  Ya desde el inicio cuando se decía “iguales”, solo incluía a aquellos que compartieran las mismas características, aquellos reconocibles como iguales.  La diferencia no ha sido contemplada como diferencia hasta los movimientos por los derechos civiles de los NO IGUALES. Porque ciertamente aquellos que se dicen iguales, solo lo son con aquellos de denotan el mismo poder que ellos, que hablan la misma jerga, tienen el mismo estatus social y las mismas aspiraciones. Para empezar en ese primer texto de la revolución francesa, las mujeres no eran IGUALES. Dos años después con un autentico acto de provocación Olympe de Gouges parafraseando el primer texto, escribió “La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”. Este texto también enfocado hacia todas aquellas iguales a si misma. Quizás es común a todos los seres que solo legitimemos a aquellos que nos son afines, excluyendo de forma directa o sutil a todos aquellos que nos son “ajenos”. Pero volviendo al acto de provocar, para mi la provocación esta directamente ligada a una acción de cambio, de evolución. Toda mi memoria esta plagada de actos de provocación, solo porque las cosas como eran o estaban no me convencían, soy de esas personas locas que tienen mucha imaginación y se imaginan una versión mejorada de todo. Con lo que siempre estamos esperando que lo que habita en nuestra cabeza como “optimo”, “deseable”, “aceptable”, algún día se haga realidad. 

Otra de las características que favorecen el acto de provocación es que estés fuera de marco, entendiendo como marco una estructura con unas normas y unos códigos tácitos. La outsider eterna llámame nena, aunque este aquí ya me estoy escapando por una ventana. Quizás por eso con 56419, nos entendimos inmediatamente, la energía fluía inmediatamente en círculos eléctricos entre lxs dos. Nunca tuvimos una atracción física, valorábamos la belleza de nuestros cuerpos, los encontrábamos fascinantes, pero como algo ajeno a nuestra relación completamente etérea, violenta, intensa. La complicidad fue creciendo como la costra en una cicatriz que ambxs teníamos abierta desde hacia tiempo, esa cicatriz estaba vinculada al ser conscientes de estar siempre fuera de lugar, o el lugar en el que habíamos caído no conocíamos a nadie como nosotrxs. Entendernos así, cimento un amor incondicional y profundo.  

La primera vez que nos vimos, yo salía del metro de Lavapies, después de un año de encierro para preparar selectividad. El año anterior una peritonitis me había atacado a traición antes de la fecha de los exámenes y cuando salí un mes y medio después del hospital pesando cuarenta kilos, tenía dos cosas claras la primera recuperar mi cuerpo lo mas pronto posible gracias a la comida de mi mama y la segunda entrar en la universidad, que se me antojaba como una promesa de “libertad”. Había probado lo que era vivir de forma independiente durante mas de seis meses, sin depender de mis padres, ni acatar sus normas. La universidad se me antojaba parte del pack para independizarme de forma definitiva.  Quería tener mi habitación propia, no quería tener que darle explicaciones a nadie sobre absolutamente nada, en parte mis padres me habían educado en esa independencia, solo que por otra parte eran como mama gallina y pensaban que los pollitos estaban mejor juntos. Por eso, esa noche me convencieron a que saliera un rato a distraerme, habían organizado con otros compañeros una fiesta por los derechos humanos en Colombia. Pondrían salsa, que desde mis doce años para mi era debilidad conocida por los cercanos. Así que pensé que un poco de fiesta me sentaría bien. 

Salí del metro y me acerque a un grupo que bajaba la calle para preguntarles por la calle Lavapies. 56419 me respondió enseguida:

Es esa calle, pero si vienes a la mani, ya llegas muy tarde.-
No, no vengo a la mani, mis papas organizan una fiesta por los derechos humanos en Colombia.-
Ah y que música ponen.-
Salsa.-
A lo mejor nos pasamos luego.-

Nos sonreímos y pensé que no se pasaría, dos horas después apareció con lo que quedaba del grupo original, menos de un tercio. Pero uno de ellos un profesor de filosofía claramente interesado en hacer un concurso de lapas porque no se le despegaba.  56419 con su desparpajo se sentía halagado y al mismo tiempo, se escabullía para bailar y hablar conmigo. A mi me divertía la situación, nos reímos juntos y al final de la noche antes de despedirnos en el metro nos dimos los teléfonos con la intención de quedar.  Cuando casi un mes después conseguimos quedar, me termino de contar como esa noche había acabado en una especie de zona de lujo con todos los muebles blancos y su lapa le había pedido que lo azotara. Nos volvimos a reír, nuestra primeras conversaciones siempre giraron entorno a la provocación, nos contábamos miles de situaciones exageradas para escandalizar al otro, pero solo acabábamos riéndonos sin parar. Quizás acabara así la primera noche que nos conocimos, después de la euforia de la mani del desalojo de Minuesa y la fiesta de salsa de después, o quizás no.  Realmente lo que cada uno recuerda no importa, porque ya en el hecho de recordar hay una abstracción y empieza a ser una ficción.

Si ponemos a cinco personas en la misma habitación que estuvieron hace un tiempo en otra habitación compartiendo un momento especial, cuando cuenten la anécdota, cada una contara su versión y ninguna será igual. Habrá alguna de las personas que recuerde mas detalles como si tal persona olía bien, la comida era exquisita… y notará coqueteos sutiles. Y al mismo tiempo otra persona dirá - Yo no recuerdo eso, ¿Por queé dicen que yo estaba ahí? Habrá otros tres que recuerden remotamente que algo paso y desconfíen profundamente de aquella persona que lo recuerda todo con detalle, después en un momento de intimidad compartida cuando esta persona se vaya al baño comentaran que exagera o que no paso así, o que simplemente miente. Lo que paso no fue tan importante como para darle un espacio en la memoria. 


Pero para las personas que nos gusta inventarnos historias y hacemos fotografías en el recuerdo de los momentos, para nosotras creemos que la bioficción es un filón.  Contar batallitas no solo nos divierte si no que el solo hecho de comunicar la “intención” es una provocación para aquellos que comparten esa memoria. 
 
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